25 feb 2010

Un amico, una amiga

Hoy me desperté tempranísimo. Tengo que llegar a Guadalajara lo más pronto posible para seguir trabajando en mi proyecto libidinoso. Es tan temprano que todavía no sale el sol. Llueve un poco, de hecho llovió gran parte de la noche. Es muy raro que llueva a estas alturas del año, pero como bien dicen: “Febrero loco y marzo… le meto un vergazo”.

En fin, algo ha de pasar en el cielo que de pronto los alienígenas empezaron a llorar. Yo creo que no es llanto de tristeza, sino de alegría. Ellos se burlan de nosotros cuando observan desde las alturas la sarta de pendejadas que nosotros los humanos hacemos a diario. Se mofan de como es que vamos hacía a una inminente destrucción total y como, increíblemente, somos tan sexualmente inactivos; habiendo tantas nalguitas y penesillos caminando por las calles, ya ni la chingan. Pinche lluvia, la odio por culera. Dejo caer poco de gotas con la palma de mi mano, las degusto con una pequeña lamida y lo único que logro apreciar es el sabor a burla cruelmente culera.

Limpio el vidrio empañado de la camioneta, la enciendo y espero que se caliente un poco. Por mientras, agarro mi chinchero audiotrónico y pongo algo de buena música. Hoy se me antoja poner algo medio maricón. Ya sé qué escuchar, pondré el soundtrack de esa película de desamor que me hizo decir: “Vete a la verga perra, por mamona”. La primera canción es demasiado cursi, canta una morra que al escucharla pareciera como que si le estuvieran pellizcando las pompis a cada rato. Aún así, vaya que me gusta esa canción y a la vez me excita demasiado. Creo que ya se calentó lo suficiente la troca y es momento de irnos a ver-ganado por la autopista rural: El Grullo – Guadalajara.

Pinche lluvia nomás no me deja ver bien el camino, creo que no llegaré a tiempo. El pinche vidrio sigue empañado, las luces madreadas y una viejita a media carretera no me deján ir más aprisa. Espera, ¿Una viejita a media carretera? - ¡Chinga tu madre! ¡Aprieto el freno al instante, la camioneta derrapa, empiezo a dar vueltas sobre el mojado pavimento y… zas! ... me detengo. Los 5 segundos más largos de mi vida, pero lo bueno es que sigo con vida… aturdido, pero con vida.

He quedado justo a un lado del camino a unos pocos metros de caer sobre el canal de riego caquino. Chales, ¡Qué sustote me metí cabrón! ¡Me cagué!, no literalmente pues, pero sí me asusté. Oye, pero ¿la viejita?.

Bajo de la camioneta y trato de ubicar dónde es que supuestamente estaría la doña pendeja esa. La oscuridad no me deja ver mucho y ya me estoy mojando demasiado… yo creo que la viejita ya se fue toda asustada por sus estupideces de cruzarse la carretera sin mirar si algún coche se aproxima. Bueno, ya no perderé más el tiempo, es hora de seguir el camino de vuelta a la gran ciudad. La música quedó encendida y sigue cantando la morra “nalgas mayugadas” y su canción de amor cachondo. Subo a la camioneta. El vidrio sigue igual o peor de empañado. Enciendo de vuelta la “ranfla” y vuelvo al camino enmohecido.

A los pocos minutos siento que una mano toca mi pierna derecha, ¡Qué pedo, no mames! volteo instantáneamente hacia mi derecha: ¡No mames, la viejita!

- Ay mijo, casi me da el matafá cuando se te jué la troca así de feo. Ten más cuidado ¿si?, no andes de fallo. Pero lo bueno es que ya vamos en camino. ¿Ya te persignaste?

Así como metí súbitamente el freno cuando la miré a medio camino, otra vez lo hago por el pedote que me sacó la anciana al verla sentada justo a mi lado. ¡Freno hasta el fondo, derrape, rechinido y parada en seco!.

Respiro profundo y volteo a ver a la anciana decrépita. Nadie dice nada, solo nos miramos de frente. Todavía no amanece por completo y no puedo distinguir su rostro, solo brilla un poco el reflejo de sus grandes anteojos. No dejo de mirarla, ella tampoco deja de mirarme. Sólo se escucha mi agitada respiración y otra canción: esta rola es de cuando la morra lo manda a la verga y pues se agüita el vato… pero eso es lo de menos, estoy cagado de miedo y no sé qué fregados hace la vieja esta ni cómo chingados se subió a mi camioneta. Estoy tan asustado que me he quedado sin habla. Tomo fuerzas para poder hablar, es momento de enfrentarla.

-¿Qui… qui… quién es uss us usted? ¿Co cooo co cómo se subió?

- Si serás pendejo mijo, no te acuerdas que me ibas a dar raite a Jalostotipaquillo. Anoche que juiste a la casa a cenar tamales quedamos que me llevarías a visitar a tu tía Chencha, esque pos acuérdate que ya está muy grande y yo como que presiento que se va a morir pronto. Aparte ya no le carbura bien la maceta, está media venteada y se le van las cabras al precipicio pues. Si la conoces, nomás que tu estabas muy chiquillo cuando fuimos, no te has de acordar. Así que, pues tengo que ir a echarle un ojal, hacerle la barba y a ver si nos toca algo de herencia pues… dicen mis primas que no tiene mucho pero pues por lo menos hacerle la lucha de una vaquita o un puerquito no está de más ¿edá?.

Ámonos pues que se hace tarde. Quiero echarme una canelita con rompope ahí en Teco justo cuando amanezca y salga el sol, así como cuando tu abuelo me traía a Guadalajara al cine, eso solíamos hacer todos los primeros sábados de cada mes que aprovechábamos y veníamos a pasearnos a la gran ciudá. Pero qué tiempos aquellos, hasta se me hace jocoque la lechita de sólo recordar. Me acuerdo que tu abuelo era medio mañoso en los cines y aparte nunca me compraba palomitas: nomás quería manosear. Nos metíamos al baño los dos juntos a hacer cosas medias prohibidas en ese tiempo pero pues nadie nos conocía como aquí en El Grullo y por eso aprovechábamos y derrochábamos harto placer. Pinche cine, ahora que lo recuerdo, siempre siempre siempre, mirábamos solamente la primera mitad de la película y luego nos daban ganas de arrear el ganado con la riata: no vimos ninguna película completa…

- Señora, creo que se equivocó. Yo no la conozco. Si voy para Guadalajara, pero nunca en mi vida la había visto.

- Ya Antonino, no te hagas el lefio y ámonos recio porque ya se me antojó el rompope con canela. Dale recio, alcabo que a mi edad es difícil que me asuste porque manejes echo la chingada. Así que, ¡Échale patadas al perro pa’ que ladre!.

- Yo no soy Antonino señora, me está confundiendo. Yo no la iba a llevar.

- ¿No eres Antonino, hijo de mi sacrosanta hijita María Candelaria?

- No, yo me llamo Tarcisio, pero los amigos me dicen Chicho.

- Bueno Chicho, vamos haciendo algo. ¿Qué te parece si me llevas tú? Mi sobrino me cae mal y de seguro se le olvidó pasar por mí. Aparte yo siento que me quiere matar y hasta me imagino que hoy, si él me hubiera llevado, me hubiera aventado pa’ fuera en las curvas del chorrillo, ya ves que feo está ahí ¿verdad? De seguro me hubiera muerto de tanto chingadazo que me iba a meter al caerme al barranco ese.

Entonces te propongo que vayamos a donde tú vayas y yo pues bien contenta de la vida. Lo que quiero es salir, que me dé el viento, que se me vuele la greña, que se me cansen las sentaderas… nada más, no pido nada más. Por cierto mijo, me llamo Altagracia, pero los amigos me dicen doña Alta.

Desde ese día, Doña Alta me acompaña a todos lados que voy. Viene cada mes por dos semanas y pues se queda siempre en mi casa. Me hace de comer bien sabroso, me lava mi ropa, me plancha, me hace compañía a donde quiera que voy y me cuenta unas charras fantásticas de cuando ella era joven y bella. Dice que me va a presentar unas nietas que tiene, pero hasta la fecha no he conocido a ninguno de sus familiares. Ya hasta quiere que me case con una tal Paulina, que dizque es la nieta más bonita que tiene (ella dice, pero quién sabe). Me ha dicho dónde vive en el pueblo, pero no ubico ni la calle ni a su mentada familia. Es extraño, pero eso me tiene sin pendiente. Ya habrá tiempo de conocer más a Doña Alta y su gran ropero de recuerdos y anécdotas fantásticas dignas de una anciana muy vívida y platicadora.

Cada quince días que regreso del rancho a la ciudad paso por ella, justo en el mismo crucero donde alguna vez estuve a punto de atropellarla. Quién diría pues que por cosas del destino, una loca anciana llegaría a ser mi mejor amiga.

27 ene 2010

Globo de papel





Cuando era niño, lo que más me gustaba era volar. Yo volaba, lo primero que hacía era comprarme mis alas de papel de china. Alas de colores, pegamento blanco, pedazo de tela y un gancho robado: una receta infalible para poder volar.

Primero lo primero. Dobleces exactos, corte aquí, corte allá, pega aquí, pega allá. Mis manos pegosteosas del pegamento se adornaban de los multifacéticos colores del papel de china. Mis alas, mi nave, mi boleto al aire cada vez más daba la forma que yo deseaba.

Yo suelo volar sólo, yo me hice estas alas. Sé que las compartiré con mis amigos, pero cuando esté flotando en el cielo sólo seremos yo y el aire.

Lo he terminado, por fin tengo mi boleto para elevarme en el viento. La mayoría no está de acuerdo conmigo, ellos no creen que yo realmente me elevo. Dicen que estoy loco, que el que vuela es otro. “Tú no vuelas, es el globo de papel el que se eleva en el cielo”. Eso me dicen, yo los ignoro. ¿Globo? Que palabra tan simple para un instrumento tan sabio e inteligente: yo por eso lo llamo de distintas formas, todas ellas bellas y sutiles: lo suelo llamar Chirringuín o Lázaro.

Es hora de presumirlo con los amigos de la cuadra. Hoy es mi día, mi turno. Ayer Pepe lanzó el suyo y fuimos a seguirlo. Lo recuperamos. Pepe lo está remachando ahora para lanzarlo después. Pepe no vuela, ni su globo vuela, siempre cae. Nadie vuela con su nave, sólo yo puedo. Se acerca la raza, los compas han llegado. Ya somos 7, sólo falta que Pedro se suba a la azotea y detenga la nave por arriba, mi nave.

Tenemos todo listo: tenemos la turbocina, la chispa y el transmisor. Tenemos también la turbina encendida, los técnicos sólo esperan mi señal. Chale, también por eso piensan que estoy loco, le doy demasiada importancia a esto. ¿Qué me cuesta llamar cada cosa por su nombre? No me cuesta nada, sólo me gusta decir las cosas así y ya. Pero, está bien, aterrizaré antes de volar. Regreso en el tiempo, borren el párrafo pasado de sus mentes. Ahora sí, continuemos.

Estamos pues reunidos para lanzar un globo. Mis amigos tienen ya listo el cartón para agitarlo y llenar de aire el interior del globo. Tenemos también la gasolina… ¡ufff!, peligroso ¿eh?. El año pasado Pepe se quemó la mano, hasta la fecha tiene la mancha y la cicatriz. Se quemó por pendejo, no pasa ni pasará nada hoy.

Es mi nave, mi globo. ¡Comenzamos!

Inflamos, poco a poco la belleza de mis alas. Estoy lleno de aire, luzco bello y con presencia; volaré muy alto, lo sé. Lucas prende la antorcha con la gasolina, espero no se queme y si lo hace, pues que imbécil. Su chamba es la más cabrona, tiene que hacer un movimiento súbito para meter la antorcha dentro del globo y no quemarlo. Ahí va, se prepara, titubea y… ¡ZAS!, la metió, la llama está dentro de mí. ¡Sóplenle cabrones que ya quiero irme! Me empiezo a llenar de aire caliente. Soy más liviano que antes, estoy emocionado, voy a volar. Lucas enciende la dona por dentro y saca rápidamente la antorcha. “Sopla, sóplale rápido”. Necesitamos más aire caliente. Ahora sí, soy más liviano que el aire. Ya me quiero ir. Mi motor, la dona, está encendido y ruge con tanta intensidad que hace que el aire me jale hacia arriba.

“Ya suéltalo wey” - Le grito al de arriba, a Pedro. “Ya suéltame” - le repito. Pedro suelta el globo, me insulta por insistente y, al fin, me libero. Me comienzo a elevar. Cierro los ojos y los veo, veo como todos nos hacemos chiquitos. Todo se hace pequeño, todos corren, menos yo. Me persiguen, no lo lograrán. Trataré de elevarme lo más que pueda para perderlos. Allá voy. Como siempre, nunca caeré, yo sí vuelo.

Ahora floto en las alturas, todo es hermoso desde aquí. Que pequeña es mi ciudad, ahora me doy cuenta de eso ya que estoy grande, pero no de grandioso; grande de edad. Me voy. Me fui. Mis amigos se han perdido, se cansaron de seguir y me perdieron de vista. Ni modo, un globo más que realmente vuela: el mío.

Por eso yo siempre he dicho que vuelo, somos dos los que volamos. Nuestra fuerza no se compara con la de los otros globos que mis ingenuos amigos de la cuadra tratan de hacer. Ninguno como yo, como el nuestro.

Abro los ojos, regreso del viaje. Otra vez súbitamente dejé mis alas en el cielo y caí de repente. Una gota de lluvia cae sobre mi rostro. Estoy satisfecho. Estoy sólo en el mismo lugar que me observó partir a los cielos. Nadie de mis amigos está, creo que están agotados de tanto perseguirme. Como siempre, les gané. Creo que mañana haré otras alas, esta vez serán verde-azuladas. Usaré menos pegamento, quiero volar un poco más… aunque sea un poco.

13 ene 2010

Coincidencia o locura

Advertí desde meses atrás que el día 10 de Enero de 2010 tamblaría bien cabrón. Tuve ese presentimiento y se los dije a varios familiares y amigos. Me juzgaron de loco y pues aparte andaba bien pedo (menos creíble no se puede).

Dos días después del día 10, en Haití, pasa lo inesperado: Un terremoto de 7 grados en la escala de richter. Fallecen casi 100 mil personas (según el primer ministro de ese país, al día de hoy miércoles).

¿Coincidencia? - ¿Demencia? Yo creo que las dos.

Vesos vaginales!!!!!

12 ene 2010

Charras atotonilquenses

Justo unos días cuando Santa Clos nos iba a meter la verga dulci-floreada me tocó visitar el famoso municipio tequilero de Atotonilco El Alto en Jalisco. Ahh que morras tan sabrosas orean sus panelas en las calles. Ahhh que ricos tequilas te raspan el esófago y hacen que te ardan las nalgas y el culito... o será que me quedé dormido y me violaron?.
Ahí en ese pueblo uno de sus habitantes nos platicó unas de sus charras. Para quien no ubica las charras pues simplemente son historias pueblerinas fantásticas y con alto grado de creatividad que, quien no conociera el término, cae redondito creyéndosela. En pocas palabras son mentiras súper arregladas y con alto grado de incredibilidad.

La historia es la siguiente:

Entrando en contexto: Los hombres de Atotonilco siempre han tenido una riña peligrosa con el pueblo vecino: Arandas. El mayor pleito son las féminas y sus cositas tan ricas que les cuelga (según él). Entonces, este chavo atotonilquense platica cuando sus amigos (unos 8 cabrones) fueron a hacer y deshacer al pueblo vecino. Se emborracharon en un bar de Arandas y agarraron morras, se las agazajaron, etc., etc., Uno de ellos tuvo un problema con un cabrón de Arandas porque le bajó la morra y pues que empiezan los putazos. Eran los 8 contra 20 cabrones... así nomás. Se agarraron a putazos pero duro! Quebradera de mesas, botellas, culos, anos... de todo se dieron ahí. ¿Y quién ganó? Pues claro!!! Los 8 de Atotonilco!

Justo después de la riña llegó la policia y, para que no se los llevaran al bote, los atotonilquenses idearon una táctica: Para que los policias no los vieran golpeados y sangrados ellos hicieron lo siguiente para burlarlos:

1. Al más madreado, sangrado y humillado le hicieron bolita en forma de juego para que no lo vieran los chotas.
2. Otros se agarraron a sus morras y se las empezaron a fajar en una esquina.
3. Otros se metieron a cagar.
4. Los restantes corrieron antes de que llegará la ley.

Su táctica funcionó y sólo se llevaron presos a los residentes: a los pendejos de Arandas (según él). Los atotonilquenses intactos celebraron hasta altas horas de la madrugada su glorioso triunfo. Contrataron un tamborazo y tocaron 25 veces seguidas el himno Atotonilquense. Si, ahí mismo, en ese pueblo donde nadie los quiere... nomás las morras los aman (según él, también)

Ahí no termina la historia fodongas. Los Arandenses sarandeados quieren cobrar su venganza y convocan un batallón. Llegan a Atotonilco en busca de aquellos que los habían hecho sufrir una humillación en casa y pues andaban encabrestados los hijos de la chingada pues. Así que, andale tú que se encuentran a 4 de los Atotonilquenses involucrados (entre ellos el vato que nos contó la charra). "No vale, ellos eran 10 y nosotros 4. Pos nos tocan de dos ¿edá?"- dijo el vato.

Citaré al involucrado de aquí en adelante:

"Ira vale, que llega primero uno de Arandas conmigo y que me empieza a rayar la madre 'Que onda gordito, te vamos a hacer chicharrones las nalgas' Así me decía el puto vato chaparro. Y pos que me encabrono y que me le dejo ir con todo mi peso y que le caigo encima. De ahí que se nos encabronan todos y se soltaron los vergazos. Tumbé a otro vato, dió una vuelta en el suelo y mi primo que lo rebota pal otro lado de una patada en el hocico, nomás se vieron unos dientecillos volando. Se para encabronado y le sigo dando una mega-putacera. En eso, veo que a mi otro compa se lo están chingando entre 5. Ira vale, sentí un putero de coraje y corrí a defenderlo. Corrí como media cuadra, en putiza... y no me vas a creer que de la adrenalina ni sentí que había traido arrastrando al vato, pero de las greñas. Voltié y lo ví todo raspado y madreado y yo con la mano llena de pelos... y sabes qué? Nos la pelaron otra vez"

Esa es una charra y no chingaderas. Saludos a los Atotonilquenses!.

4 nov 2009

La niña y su amigo pollito

A sus 5 años Lucy vive en un mundo en el que la imaginación es su motor reactor. En la casa de sus abuelos, el patio inmenso se convierte para ella en el infinito mar de historias que construye a diario. En ese grande patio hay de todo: seres extraños, amiguitos emplumados, hojas de algodón, recovecos misteriosos, lugares prohibidos, animales peligrosos, colecciones de frutos, pistas de carreras... etc. Cada día parece que Lucy arma una historia diferente y eso le encanta.

El día de hoy Lucy sale al patio y su cometido de este día es: escalar un árbol de nances. Por la poca altura y ramas apelmazadas, a Lucy no se le hace difícil subir hasta la cima. La altura parece impresionante para ella, por primera vez se da cuenta de cosas que no estaban ahí y que no alcanzaba a ver. Por ejemplo, ella logró ver que no sólo en su patio tenían mounstros y que la vecina usaba calzones rojos iguales que los de su abuelita, sino que también se dió color que su otro vecino se duchaba en un tambo con agua, una alberca personal en la que apenas cabía.

Ella parece estar muy emocionada. Un nuevo amiguito ha llegado, el pollito. Parece que él se ha enterado del descubrimiento de Lucy y decide ir a ver qué pasa. Se postra justo bajo el tronco del arbolito y comienza a silbarle a Lucy, ella voltea a verlo y emocionada le platica su nuevo descubrimiento. El pollito silba más, parece que comparte la alegría con Lucy.

Después de un ratote, es momento de bajar. Tal cual como subió ella tiene que bajar pero, lentamente y mirando derrepente hacia abajo. El pollito sigue firme junto al tronco. Lucy está por bajar completamente al suelo, sólo le faltan dos pequeñas ramas para que sus pies toque el piso pero el pollito no se aleja. Ella, aferrada con sus manos a las ramas y con poca visibilidad hacia abajo, le pide de favor a su amigo que se retire porque teme pisarlo:

- Por favor pollito, hazte poquito pa' allá ¿si? - Esque voy a bajarme ya.
- Ahorita te subo a tí, pero hazte pa' un lado.

El pollito no entiende, sigue ahí. Lucy comienza a cansarse de los brazos y no puede bajar los pies porque siente que el pollito está ahí y sigue temiendo lo peor. A punto de llorar de la desesperación, La niñita suplica:

- Por favor pollito, quítate... no te quiero pisar, por favor!!

Ella no puede más y se baja del árbol. El pollito muere aplastado por el cuerpesito de la niña. Lucy está impactada y comienza a llorar. Toma entre sus brazos al polluelo. Ella sabe que fue su culpa haber matado a su amigo y trata de explicarle al cuerpo ya inerte y emplumado:

- Te dije que te quitaras pero no me hiciste caso.

Desde ese día la niña llevó en su mente el tormento de ser una asesina. La inocencia de la pequeña reflejó su gran corazón infantil. Hoy, después de 18 años, por fin lo vuelve a recordar. Es hoy cuando sana su herida y ríe de cómo su inocencia le jugó una mala partida. Pero eso sí, en su mente siempre estará lo fiel y buen amigo que fue ese pollito.

20 oct 2009

El puto dengue y las putas autoridades.

Meses atrás platicaba con una amigo que pertenece a algo así como a la protección ciudadana contra el dengue. Son los que revisan las casas en busca de posibles nacimientos del mosco y de la infección: son esos que pasan a tu casita y le echan unas bolsitas a tu tinaco, pozo, pila, etc. Cuando las cosas se ponen feas, son los que andan roceando las calles con el insecticida ese que huele gacho.

En fin, él me platicaba que, ante la ausencia de dengue en el Grullo Jalisco por más de 3 años, los iban a destituir de su chamba. Así de pendejos. Se suponía que por su buen trabajo de prevención, el dengue no había tocado estas bellas tierras. Ya no era necesario que siguieran trabajando, al cabo ya ni había dengue (sarcasmo implícito). Mi compa se encabronó. En tono de broma me dijo que él mismo había descuidado su trabajo y esperaba que con eso volviera el dengue al grullo. Él se había encargado de no rociar las bolsitas y, aunque había visto tinas sucias, las dejó así. ¿Todo por qué? Por que las pinches autoridades estatales los iban a correr porque en El Grullo no había dengue; era "innecesario" que siguieran trabajando. ¿Ah sí? Pues chinguen a su puta madre. Ahora Jalisco romperá el récord de casos de dengue desde hace un chorro de años... ¿Serán casos similares en los otros municipios en los que ha vuelto a pegar gacho?

Pues ahora mi madre y hermano tienen dengue. Mi mamá por segunda vez y está muy enferma. No dejo de pensar en las palabras de mi amigo. No excuso sus acciones, pero no puedo darle la razón de por qué hizo lo que hizo y si pensó en que en su irresponsabilidad estaba la vida de otras personas. ¿Puede que su trabajo incompetente sea el resultado de este brote? No sí y no puedo evitar sentir un rencor hacia él y hacia sus putos mandos superiores estúpidos de mierda.

Llevo a mi madre al IMSS y otra pendejada más. Sale un pinche médico gordo (molesto por tanta gente en urgencias) que dice que no hay problema, que mi mamá no está bien, pero que estará bien. "Que sólo se tome la medicina y muchos líquidos y ya, con eso (...) y ya no se haga los análisis porque se preocupará de más". Hoy nos valió madre y le volvimos a hacer los análisis y fuimos con un doctor particular que nos cobró bonito. Los resultados no fueron favorables, obvio.

Este doc me comentó que el tuvo una junta con médicos del IMSS en Guadalajara y él planteó usar otras alternativas de medicina contra el dengue. (Aunque el dengue no tiene cura, se receta el Paracetamol para el dolor de huesos y fiebre). Este doctor propuso además del Paracetamol, recetar también antibióticos en los centros de salud. De esta manera se controlaría mejor la enfermedad y ayudaría a sanar más pronto a los pacientes.

Ante la propuesta, la respuesta de los otros médicos fue: "Los antibióticos están asignados para otra cosa, nos saldría muy caro y es pérdida de dinero (...) el paracetamol hace que la persona tarde mucho más tiempo en recuperarse, pero es lo único que hay. No es necesario el aplicar antibióticos".

Pendejos. Prefieren tener a una persona en pena más de una semana en vez de hacer lo posible por evitarles el largo dolor.

Ya no sé ni qué pensar. Este blog no ha sido objeto de denuncia, pero estoy encabronado y muy triste.