27 ene. 2010

Globo de papel





Cuando era niño, lo que más me gustaba era volar. Yo volaba, lo primero que hacía era comprarme mis alas de papel de china. Alas de colores, pegamento blanco, pedazo de tela y un gancho robado: una receta infalible para poder volar.

Primero lo primero. Dobleces exactos, corte aquí, corte allá, pega aquí, pega allá. Mis manos pegosteosas del pegamento se adornaban de los multifacéticos colores del papel de china. Mis alas, mi nave, mi boleto al aire cada vez más daba la forma que yo deseaba.

Yo suelo volar sólo, yo me hice estas alas. Sé que las compartiré con mis amigos, pero cuando esté flotando en el cielo sólo seremos yo y el aire.

Lo he terminado, por fin tengo mi boleto para elevarme en el viento. La mayoría no está de acuerdo conmigo, ellos no creen que yo realmente me elevo. Dicen que estoy loco, que el que vuela es otro. “Tú no vuelas, es el globo de papel el que se eleva en el cielo”. Eso me dicen, yo los ignoro. ¿Globo? Que palabra tan simple para un instrumento tan sabio e inteligente: yo por eso lo llamo de distintas formas, todas ellas bellas y sutiles: lo suelo llamar Chirringuín o Lázaro.

Es hora de presumirlo con los amigos de la cuadra. Hoy es mi día, mi turno. Ayer Pepe lanzó el suyo y fuimos a seguirlo. Lo recuperamos. Pepe lo está remachando ahora para lanzarlo después. Pepe no vuela, ni su globo vuela, siempre cae. Nadie vuela con su nave, sólo yo puedo. Se acerca la raza, los compas han llegado. Ya somos 7, sólo falta que Pedro se suba a la azotea y detenga la nave por arriba, mi nave.

Tenemos todo listo: tenemos la turbocina, la chispa y el transmisor. Tenemos también la turbina encendida, los técnicos sólo esperan mi señal. Chale, también por eso piensan que estoy loco, le doy demasiada importancia a esto. ¿Qué me cuesta llamar cada cosa por su nombre? No me cuesta nada, sólo me gusta decir las cosas así y ya. Pero, está bien, aterrizaré antes de volar. Regreso en el tiempo, borren el párrafo pasado de sus mentes. Ahora sí, continuemos.

Estamos pues reunidos para lanzar un globo. Mis amigos tienen ya listo el cartón para agitarlo y llenar de aire el interior del globo. Tenemos también la gasolina… ¡ufff!, peligroso ¿eh?. El año pasado Pepe se quemó la mano, hasta la fecha tiene la mancha y la cicatriz. Se quemó por pendejo, no pasa ni pasará nada hoy.

Es mi nave, mi globo. ¡Comenzamos!

Inflamos, poco a poco la belleza de mis alas. Estoy lleno de aire, luzco bello y con presencia; volaré muy alto, lo sé. Lucas prende la antorcha con la gasolina, espero no se queme y si lo hace, pues que imbécil. Su chamba es la más cabrona, tiene que hacer un movimiento súbito para meter la antorcha dentro del globo y no quemarlo. Ahí va, se prepara, titubea y… ¡ZAS!, la metió, la llama está dentro de mí. ¡Sóplenle cabrones que ya quiero irme! Me empiezo a llenar de aire caliente. Soy más liviano que antes, estoy emocionado, voy a volar. Lucas enciende la dona por dentro y saca rápidamente la antorcha. “Sopla, sóplale rápido”. Necesitamos más aire caliente. Ahora sí, soy más liviano que el aire. Ya me quiero ir. Mi motor, la dona, está encendido y ruge con tanta intensidad que hace que el aire me jale hacia arriba.

“Ya suéltalo wey” - Le grito al de arriba, a Pedro. “Ya suéltame” - le repito. Pedro suelta el globo, me insulta por insistente y, al fin, me libero. Me comienzo a elevar. Cierro los ojos y los veo, veo como todos nos hacemos chiquitos. Todo se hace pequeño, todos corren, menos yo. Me persiguen, no lo lograrán. Trataré de elevarme lo más que pueda para perderlos. Allá voy. Como siempre, nunca caeré, yo sí vuelo.

Ahora floto en las alturas, todo es hermoso desde aquí. Que pequeña es mi ciudad, ahora me doy cuenta de eso ya que estoy grande, pero no de grandioso; grande de edad. Me voy. Me fui. Mis amigos se han perdido, se cansaron de seguir y me perdieron de vista. Ni modo, un globo más que realmente vuela: el mío.

Por eso yo siempre he dicho que vuelo, somos dos los que volamos. Nuestra fuerza no se compara con la de los otros globos que mis ingenuos amigos de la cuadra tratan de hacer. Ninguno como yo, como el nuestro.

Abro los ojos, regreso del viaje. Otra vez súbitamente dejé mis alas en el cielo y caí de repente. Una gota de lluvia cae sobre mi rostro. Estoy satisfecho. Estoy sólo en el mismo lugar que me observó partir a los cielos. Nadie de mis amigos está, creo que están agotados de tanto perseguirme. Como siempre, les gané. Creo que mañana haré otras alas, esta vez serán verde-azuladas. Usaré menos pegamento, quiero volar un poco más… aunque sea un poco.

3 comentarios:

Micro dijo...

Loved it.

Peliculesco. Sentí cada imagen bitch.

mario hugo. dijo...

que lindo.

Anónimo dijo...

que padre escribes ches... me gusto!!