4 nov. 2009

La niña y su amigo pollito

A sus 5 años Lucy vive en un mundo en el que la imaginación es su motor reactor. En la casa de sus abuelos, el patio inmenso se convierte para ella en el infinito mar de historias que construye a diario. En ese grande patio hay de todo: seres extraños, amiguitos emplumados, hojas de algodón, recovecos misteriosos, lugares prohibidos, animales peligrosos, colecciones de frutos, pistas de carreras... etc. Cada día parece que Lucy arma una historia diferente y eso le encanta.

El día de hoy Lucy sale al patio y su cometido de este día es: escalar un árbol de nances. Por la poca altura y ramas apelmazadas, a Lucy no se le hace difícil subir hasta la cima. La altura parece impresionante para ella, por primera vez se da cuenta de cosas que no estaban ahí y que no alcanzaba a ver. Por ejemplo, ella logró ver que no sólo en su patio tenían mounstros y que la vecina usaba calzones rojos iguales que los de su abuelita, sino que también se dió color que su otro vecino se duchaba en un tambo con agua, una alberca personal en la que apenas cabía.

Ella parece estar muy emocionada. Un nuevo amiguito ha llegado, el pollito. Parece que él se ha enterado del descubrimiento de Lucy y decide ir a ver qué pasa. Se postra justo bajo el tronco del arbolito y comienza a silbarle a Lucy, ella voltea a verlo y emocionada le platica su nuevo descubrimiento. El pollito silba más, parece que comparte la alegría con Lucy.

Después de un ratote, es momento de bajar. Tal cual como subió ella tiene que bajar pero, lentamente y mirando derrepente hacia abajo. El pollito sigue firme junto al tronco. Lucy está por bajar completamente al suelo, sólo le faltan dos pequeñas ramas para que sus pies toque el piso pero el pollito no se aleja. Ella, aferrada con sus manos a las ramas y con poca visibilidad hacia abajo, le pide de favor a su amigo que se retire porque teme pisarlo:

- Por favor pollito, hazte poquito pa' allá ¿si? - Esque voy a bajarme ya.
- Ahorita te subo a tí, pero hazte pa' un lado.

El pollito no entiende, sigue ahí. Lucy comienza a cansarse de los brazos y no puede bajar los pies porque siente que el pollito está ahí y sigue temiendo lo peor. A punto de llorar de la desesperación, La niñita suplica:

- Por favor pollito, quítate... no te quiero pisar, por favor!!

Ella no puede más y se baja del árbol. El pollito muere aplastado por el cuerpesito de la niña. Lucy está impactada y comienza a llorar. Toma entre sus brazos al polluelo. Ella sabe que fue su culpa haber matado a su amigo y trata de explicarle al cuerpo ya inerte y emplumado:

- Te dije que te quitaras pero no me hiciste caso.

Desde ese día la niña llevó en su mente el tormento de ser una asesina. La inocencia de la pequeña reflejó su gran corazón infantil. Hoy, después de 18 años, por fin lo vuelve a recordar. Es hoy cuando sana su herida y ríe de cómo su inocencia le jugó una mala partida. Pero eso sí, en su mente siempre estará lo fiel y buen amigo que fue ese pollito.

2 comentarios:

Micro dijo...

Nice.

Si le hubieras descoloquiado algunas frases tipo "se dio color"

hubiera quedado buena la manufactura del texto.

Anónimo dijo...

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