31 mar. 2011

Pronto te irás


- Dante ¡Dame ese encendedor!

- ¡Con una chingada, que me lo des!

Una mecha de un "cuetito" se prende y el niño Julián (5 años, travieso) lo arroja a su abuelo, DON GAMA (señor cuarentón con mucho intelecto, primera vez que es abuelo y se prepara para eso, terco y apasionado por el pasado de su ciudad) Don Gama está sentado en una banca del jardín. El cuete enciende estrepitosamente y Don Gama se espanta del sonido que éste hace al explotar.

Don gama arrebata el encendedor de las manos del niño. Están en el jardín municipal. Varias personas disfrutan hacerlo. Observamos la diversidad de infraestructura y personajes que deambulan por el sitio.

DON GAMA

- Ven, siéntate

DON GAMA

- En mis tiempos, el fuego era siempre mágico. Volaba. Prendiamos fuego dentro de mis esferas: mis creaciones, mis alas, mi boleto al espacio. Yo hacía globos de papel Dante. Con 24 pliegos de papel, unos fierros viejos, un trapo viejo de mi mamá y con un chingo de resistol yo mismo hacía naves espaciales, globos exploradores y una vez recuerdo que también hice una chimenea espacial.

- Cuando te veo, me imagino a tu padre, aquel al que yo mismo le enseñé cómo hacer globos. Ahora él no se acuerda, pero yo sí. Ahora ya no hace globos de papel, ahora el es tu padre e, indiscutiblemente hizo el globo más perfecto que he conocido: tú.

Quiero que cierres tus ojos, que te imagines lo que te voy a contar. Tú serás el personaje principal de esta historia. Quiero que imagines que dentro de tí eres muy vacío, no tienes nada; eres como una bolsa de las que te dan cuando vas al mandado, sin nada de nada. Una bolsa hueca y muy liviana: frágil y débil como lo eres ahora. Tus pies son unos redobles de metal ganchero que por el momento no te sirven de nada. No te puedes sostener, no puedes pararte por tí sólo: recuerda que estás completamente vacío y débil: tan sólo sientes que cuelgas de algo o de alguien. Estás sólo en una gran llanura, colgado. Sólo sientes cómo el viento lucha por arrastrarte. A lo lejos, unas personas se acercan. Son extraños todos.

Un extraño se acerca, descubres que es tu papá. Agitando un pedazo de cartón empieza a inflarte poco a poco, comienza a darte la forma que tanto deseas cuando vas llenando de aire... con tu cuerpo completo, te conviertes ahora en un círculo perfecto. Tu papá se cansa cuando por fin te da la forma deseada, deja de soplar. Él sólo no puede continuar. Ahora un extraño se acerca y tu papá te sostiene de tus pequeños pies hechos círculo. Él hombre extraño es más fuerte y comienza a llenarte en tu totalidad.

Te sientes lleno y completamente realizado en tan sólo unos instantes, sabes que cuando ese hombre deje de soplar estarás en problemas. Tu padre, que ahora te observa desde atrás, toma en sus manos una antorcha y la enciende. Por un momento temes, crees que tu cuerpo frágil y delicado va a ser abruptamente quemado por la persona que te dió la vida. Tus pliegues delgados de papel de china se pueden quemar fácilmente si una pequeña chispa brincara encima de tí. Tienes miedo pero aún así confías en que tu padre no te hará daño. Tu padre sostiene esa antorcha y te mira fijamente. En cuestión de milésimas de segundo, con un rápido movimiento, te encaja hasta la garganta el cuchillo encendido. Es una estocada al corazón y te atraviesa todo tu cuerpo. Sientes por un momento que mueres. El calor es tan intenso que quieres salir de ahí a como dé lugar pero no eres lo suficientemente fuerte como para despegar... te falta algo. Poco a poco tu angustia comienza a convertirse en una adrenalina que inexplicablemente te hace sentir poderoso y lleno de vida. Lo único que quieres es salir de ahí, correr a los cielos, escapar... ¡Ser libre!. Pero insistimos, sólo falta algo, tu motor, tu alma.

Tu madre se acerca y pone delicadamente la dona que hizo con un pedazo de camisón viejo. Todavía conserva el olor peculiar de ella, aquel que tanto te gusta aún cuando está empapado de gasolina. La coloca tiernamente en tus pies, aquellos que no sólo te harán volar, caminarás firmemente por los cielos. Te sientes preparado totalmente. Tu alma está encendida y volarás alto; te sientes seguro y capáz de llegar muy pero muy lejos. Las manos de de tu padre que te sostienen ahora comienzan a temblar, los de abajo están listos para verte volar.

Finalmente te liberan y sales disparado hacía los cielos, aquellos que creíste inalcanzables pero que ahora son tuyos. Volarás alto porque tu alma lo dice, lo sientes. Eres un globo de papel, pero en tú interior eres simplemente, tú.

Fragmento del guión: "El grullo, te odio" de Cheshvan Santana

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