2 oct. 2009

El suicida compasivo

Muchos jóvenes practican cada vez más el suicidio de forma distinta: lo llaman “Suicidio encubierto” Se enrollan en una larga cobija y se sitúan justo en las curvas de carreteras de alta velocidad. No hay nada que detenga el coche, así que el impacto es inevitable. Nadie pensaría que un ser humano estaría bajo esas sábanas.
A la fecha, esta práctica es común y el problema traspasa fronteras. No sólo mueren los suicidas, sino también los conductores de los coches que, al tratar de esquivar el bulto en la carretera, pierden el control de sus coches.
Juan José, un joven tapatío, se dirige al eminente suicidio “encubierto”. Va a una carretera, se enrolla y espera desquiciadamente el momento incierto del impacto. Después de varios minuos, Juan escucha el rechinar de las llantas de un coche, cierra los ojos, ha llegado su momento, espera el impacto... El coche pasa de largo, derrapa y cae al barranco. Juan sigue atónito bajo las sábanas. Ningún sonido resuena, el silencio es total. Destapa sus cobijas de repente, el sol le encandila. Se dirige hacia el barranco y observa la inmensa nube de polvo. Baja hacia donde está el coche. Ahí, una linda dama yace sobre el volante. Moribunda, observa al joven y le sonríe. Por compasión, él también le sonríe. La mujer está empapada de sangre. El suicida trata de sacarla y ayudarla. La baja del coche, la carga hacia una pequeña sombra de un arbusto y la acuesta. Después de hacerlo, trata de ir a pedir ayuda cuando la mano sangrante de la mujer lo detiene.
“No hagas nada” – dice
“Así estoy bien…”
Ahí, en ese momento el suicida se da cuenta que las manos de la dama sangran no por el impacto del accidente, se había cortado las venas… estaba cometiendo suicidio y desangrando esperaba su muerte cuando manejaba. La mujer fallece en los brazos del joven.

Desorientado, el joven sale a la carretera. Observa la manta que aún yace en el suelo y mira cómo un coche le pasa por encima. Recoge la manta. Cubre a la mujer con ella y se va.

3 comentarios:

saRa Mandarina dijo...

No mames, no lo borres, está bien chingón!!
Me agüité, güey. (a poco no está bien padre decir palabras con diéresis? hace un efecto como de chicle)
Te quiero morro, ya vente!

Micro dijo...

:D

liked it a blog (got it?)

no es un cuento de hadas dijo...

Que marica la doña Florinda.

Ta chida tu historia, lista pa' publicarse en el Metro ;)