29 sept. 2008

Caga palos - Shit sticks


Resulta que una ocasión, este muchacho apuesto y regordete que toca la batería muy bonito, tuvo un concierto en el llamado Club de Fieras (y Leones). Ahí tocarían sus grandes éxitos del grupo afamado y bello: Disonos. Pero, vaya casualidad, que a la sexta caguama, ese regordete apuesto ya no era el mismo, el demonio del pisto (Pistrates) se le metió y le pico el ano.

Este baterísta, ahora convertido en un baterísta borrachín, no le quedó de otra más que tocar ante el público, parte del mismo eran sus amiguitos; algunos de la primaria y kinder, pero siempre fieles a cuando tocara el gruperrón chingón de Rock. Los miembros de la banda asistieron al comportamiento y, sin ninguna alternativa, dejaron que el baterista tocara sus canciones. Y así fué.

Empezó la ronda de canciones, todo bien, el baterísta pareciera que contraía un orgasmo tan intenso que su cara se mantuvo así toda la ronda de canciones: cara con sonrisa excesiva, mirada pérdida y ojos llorosos siempre en la misma posición. Terminó la sesión sin nada que lamentar. Lo peor sucede después, el exhorcismo toma lugar.

Después de haber tocado, a este baterísta se le quería salir súbitmante el demonio pistrates. El enojo de Pistrates se debía a que no pudo lograr su objetivo: que el baterísta hiciera el ridículo bajo sus influjos. Entonces, ante su rabia, el demonio quiere a huevo salirse del cuerpo de Cheshvan, upps!, ya la cagué, no quería dar mi nombre, pero en fin. Entonces, como decía, que el demonio sale repentinamente por la boca del bataco. Cheshvan corre hacia el baño y ahí comienza el exhorcismo. Litros y litros del demonio. El sonido, parecido al de una cubeta llena de agua callendo al suelo adornaba ese bello lugar. El demonio, que era uno de los más cabrones, no se quiso quedar así después de su derrota y pues, que se sale también por la cola. Splash!!! puro chorro guajolotero (gor gor gor gor). Dos fugas de una misma persona y al mismo tiempo, pobre pinche baterísta.

Por fin termina el diluvio, el baterísta, cansado, cagado y vomitado, deja los calzones cagados ahí en el baño. Sale del lugar y corre a su casa.

Sin duda aquí no termina la historia del baterísta, vaya sorpresa la que le esperaba. Al día siguiente, todo un hombre nuevo, el baterísta regresa al Club de las Fieras y recoge sus instrumentos. Todo tranquilo, nada pasa. Sólo unas miradas tensas hacia el baño, aquel donde había ocurrido el exhorcismo; mucho miedo tenía él cuando recordaba. La piel se le hacía chinita, pero bonita. De pronto sale Don Marshall (Marcial), el que hace el aseo del lugar y le dice:
"Que raza tan cabrona, hasta me dejaron unos calzones cagados en el baño"

El baterísta solo pasa saliba súbitamente, queda inmóvil, no dice nada, reacciona y continúa llevando instrumentos a la salida. Ya para despedirse, Don Marshall que le dice:
- Oye, ¿no son tuyos estos palitos? (las baquetas, con lo que tocas la batería)
El baterísta: - Sí, son míos, yo soy el baterísta.
- Ah, esque estaban a un ladito de los calzones cagados

Y, como le hace condorito: PLOP!

2 comentarios:

no es un cuento de hadas dijo...

finitivamente más bueno escuchar tu narración en vivo

me cago más...de la risa

no es un cuento de hadas dijo...

Al final dije que no a todos los gordos, beso